La entrada de hoy se reduce a una conversación con una amiga, en un pequeño descanso de estudio en la biblioteca, enredando gracias a internet y a un oportuno chat.
F: Nunca se sabe en qué isla perdida puedo encontrar al amor de mi vida.
C: Nunca se sabe si el amor de mi vida puede ser uno de los acompañantes.
F: Mi corazón está flotando en el aire, esperando a esa chica especial que lo baje, atado al pequeño hilo que cuelga de su alma incomprendida.
C: Qué profundo.
F: Como profundo es el abismo en el que había caído, anegado de oscuridad, con ese aire viciado con los pensamientos hostiles de ésta infame humanidad que oprime el sentimiento y silencia las palabras que los corazones, sinceros, pronuncian para no caer en la soledad.
Porque, ¿qué somos sino corazón y mente unidos? ¿Qué queremos sino armonía de razón y sentimiento?
Media vida buscando las respuestas, hasta que nos damos cuenta de que jamás hemos aprendido a formular las preguntas. Y, al final, nos descubrimos, flotando en el aire, necios desleales al corazón, sometidos a la voz de los grillos, de quienes nos hemos fiado, entregándoles, erróneamente, las riendas de nuestro destino.
No te fíes de los grillos, susurra, entre latidos, un corazón adormecido. Pero, ¡oh!, qué tarde se ha hecho, pues nuestras mentes a no pueden escuchar por ellas mismas.
C: El consejo.
F: Sí... No te fíes de los grillos.
Estábamos sentados en clases de seguridad informática, cuando el profesor nos enseñó un ejemplo de codificación de mensajes.
C: Ajá
F: Era un mensaje que decía No te fíes de los griegos, pues el profesor estaba explicando cómo se pasarían mensajes los protagonistas de la Ilíada. Yo, demasiado deprisa, copié el ejemplo.
Pasaron las semanas. Estaba en la biblioteca, estudiando para los finales, cuando vi una frase garabateada en una hoja. Decía No te fíes de los grillos. No entendía por qué había copiado esa frase. No recordaba haberla escrito.
Así que, simplemente, dije a Noelia, la chica que se sentaba a mi lado: Es un secreto, pero nunca jamás te fíes de los grillos.
En mi cabeza se formó la imagen de la conciencia, representada como un grillo, al más puro estilo de Pinocchio, diciéndome que olvidase mis sueños y que me centrase en la sórdida realidad.
Y se convirtió en ese consejo. No te fíes de los grillos, no abandones tus sueños, no pierdas la esperanza.
C: ¡Oh!
F: Más tarde comprendí que esa frase misteriosa era, en realidad, producto de mi mala letra.
Un No te fíes de los griegos que acabó siendo mal interpretado.
C: Entonces, ¿fue de casualidad?
F: Exacto, como de casualidad suceden las aventuras más impresionantes.

Yo creo que la casualidad, o lo que llamamos casualidad lo es todo; es lo premeditado que nunca sucede como premeditaste, y lo que nunca premeditaste que sucede que sucede como hubieras premeditado :)
ResponderSuprimirGracias por explicarnos de donde viene la frase, siempre había tenido curiosidad pro saber de dodne había salido. Casualiadad? Según como se vea... Realmente no creo q sea casualidad porque fue tu mente la que interpretó "grillos" en vez de "griegos" y fue tu emnte la que le dio todo el significado, por casualidad cualqueir otra persona habría leído "grillos" pero no creo que por casualidad se llegue a tu refelxión que yo comparto totalmente.
ResponderSuprimirEl problema es que corazón y razón raramente están en armonía, posiblemente todos la busquemos pero para encontrarla, tendremos muchas veces que negar a nuestro corazón y otras muchas negar a nuestra razón.
Espero que todo te esté llendo bien.
Un abrazo