domingo 5 de junio de 2011

Madres, padres y amigos

Me parece que es la primera vez que toco el tema de las relaciones entre padres e hijos, pero creo que ya va siendo hora de escribir unas palabras acerca de mi opinión.

Ayer, una amiga me comentaba que su compañero de piso había invitado a la madre de éste a pasar unos días, aquí en Siena. La señora dormiría en la habitación del hijo, en un colchón tirado en el suelo. Hablando sobre el lugar de alojamiento, si yo hubiese podido alojar a mis padres en casa cuando vinieron a visitarme durante la Semana Santa, lo habría hecho sin dudarlo, pero admito que hay un factor a tener en cuenta: qué les parecería a las personas con las que vivo.

Pero lo que de verdad me lleva a escribir esta entrada es la relación que puede existir entre padres e hijos. En este caso, entre madre e hijo.

Desde hace unos años he escuchado opiniones acerca de padres supuestamente modernos, que dejan que sus hijos e hijas hagan todo aquello que les viene en gana. En este punto yo quiero hacer una distinción, y es que no es lo mismo libertad que libertinaje. En éste caso concreto, la madre se considera como una amiga de su hijo, una colega, haciendo que las líneas de la típica relación se vean difuminadas.

Mi amiga me comentaba que, hacía un par de días, mientras estaba estudiando en la cama de su habitación, vio como aquella señora entraba por la puerta, sentándose a sus pies y preguntándole acerca de situaciones personales de su vida. Lógicamente, a ella le pareció una invasión de su intimidad, y es que no es otra cosa que eso.

Yo no salía del asombro, sinceramente, cuando me dijo que, además de eso, se había ido al piso de unos amigos del hijo a tomar unas cervezas, para la sorpresa de aquellos. O cómo esta pasada noche, la pintoresca mujer compró lo necesario para hacer sangría y ambos, madre e hijo, se habían autoinvitado a la casa de unas amigas para beber allí. Este mediodía recibía la llamada de una de las chicas, para comentarme muy por encima el percal en el que se habían visto envueltas, en una noche donde no se sabía quién había bebido más, si la madre o el hijo.

¿A dónde estamos llegando? No dejo de escuchar que los jóvenes de hoy en día somos unos indisciplinados, unos vagos caprichosos que chupamos de la cuenta bancaria de nuestros padres todo lo que podemos. Pero pienso que ya está bien de tirar las piedras en el tejado equivocado. Una relación entre padres e hijos no es una relación de colegueo. Pienso que un hijo debe poder confiar plenamente en sus padres y que los padres deben prestarle el apoyo que necesite en su vida, dándole consejos y, si hace falta, marcando unos límites en su etapa de crecimiento como persona. Digo esto desde el profundo cariño que tengo a mis padres, quienes considero que son unas personas estupendas en quienes siempre podré confiar, pero que no son ni mis amigos, ni mis hermanos ni mis colegas de juergas.

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