
Suena Monuments and melodies de Incubus - Escuchar
Sin que nadie las hubiese invitado, a mi mente, llegaron las imágenes y palabras de aquellas horas a su lado. Recordé, con el corazón en el puño cerrado de mi mano izquierda, aquellos labios fríos y calmos, rozando cada centímetro de mi piel, el susurro de su aliento acomodado en mi oído, el compás de su respiración unido al latir dentro de mi pecho. Su mano, en mi espalda, dibujando a escala el mapa de los kilómetros que nos habían separado, esquematizando las horas muertas, teorizando los segundos que nos quedaban por vivir.
Aún en la más absoluta oscuridad conocía cada rincón de su cuerpo. En braille, los lunares de su espalda me descubrían la mayor historia de amor jamás contada, pidiéndome que trazase el dibujo de las constelaciones que nadie antes había vislumbrado.
Entonces, un escalofrío de placer recorrió mi columna, haciendo explotar mis sentidos, cuando su mano desnuda acarició mi cuerpo. Me olvidé de mi nombre, se detuvo el tiempo.
Poco a poco se fue colando el Sol por las rendijas de la persiana, a la vez que cesaban sus besos, sus caricias, su mirada, su suspiro incontrolable, su corazón desbocado. Y amanecí solo, como amanecen las almas vacías al despertar de un sueño, cuando saben que nunca se hará realidad.
Nunca digas nunca cuando hables de un sueño, lo que se quiere de verdad siempre puede acabar por llegar. A veces los rostros de los sueños no son los mismos que lso de la realidad pero es lo que se siente lo que muestra la realidad.
ResponderSuprimirun abrazo
Lo mejor de los sueños es que cuando dejas de soñarlos...los vives....nunca digas nunca jamás
ResponderSuprimirme encanta..
ResponderSuprimirDulzura, deseo, pasión...
ResponderSuprimirBellísima...
Felicidades por el texto y por tu blog.
Un Saludo desde mis Amanteceres.